Las cuatro comodidades que no pueden faltar en tu casa

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Una casa, pienso, no se define por sus paredes o por los muebles que tiene, creo que es por la manera en que te recibe cada día. Para mí, un hogar lo es todo. Es nuestra guarida para evadirnos de todo, del trabajo, de los jefes, de los amigos tóxicos, de las malas relaciones.

Con el tiempo he ido descubriendo qué cosas realmente marcan la diferencia, esas pequeñas (o grandes) comodidades que transforman la vida. Y hoy quiero contarte las cuatro que considero indispensables para una casa. Ya te voy avisando que no son lujos, sino son detalles prácticos para hacer de tu casa algo cómodo, que al final es lo que queremos.

Plato de ducha

Vamos con La primera, y quizá la que más me cambió la rutina, y que recomiendo 100%. Instale un plato de ducha. Antes tenía una bañera enorme que ocupaba la mitad del baño y que usaba… bueno, casi nunca.

La verdad es que me daba pereza llenarla, me ocupaba mucho espacio y me parecía poco práctica, por lo hablar de que se gasta mucho más agua y eso luego en la factura se ve reflejado. Pero desde que pusimos un plato de ducha amplio, a ras de suelo, todo cambió. Además no es nada caro. En Outlets Bath, que es donde lo compre, me hicieron una serie de recomendaciones para su mantenimiento, que además me han servido para que me dure más.

Es algo que siempre aconsejo, y ojo, porque en algunas comunidades, por ejemplo en Castilla y León, está subvencionado.

Es cómodo, seguro y muchísimo más accesible. No tengo que estar subiendo una pierna para entrar, ni temer resbalones. Además, la sensación de amplitud es tremenda. Y lo mejor es que la ducha se convirtió en mi ratito personal del día, ese momento en el que el agua me despierta, me relaja o me hace pensar. Es una chorrada, pero siento que es mi momento.

Rincón para desconectar

 

La segunda comodidad que os recomiendo es tener un rincón para desconectar, un espacio reservado solo para ti. No tiene que ser una habitación completa; el mío es una esquina del salón, junto a la ventana. Allí puse una butaca cómoda, una lámpara cálida y una pequeña mesita donde dejo mis libros y una taza de café. Ese rincón se volvió mi refugio.

Cuando llego a casa después de un día largo, sé que puedo sentarme ahí unos minutos, respirar y olvidarme de todo. Me di cuenta de que muchas veces llenamos la casa de objetos, pero no creamos espacios que nos permitan descansar de verdad.

Tener un rincón pensado para parar, aunque sea un momento, hace que la casa deje de ser solo “donde vivo” y pase a ser “donde recargo energía”, que es algo que en los tiempos que corren nos viene muy bien.

Buena iluminación

La tercera comodidad imprescindible es algo tan básico, pero a la vez tan transformador, como una buena iluminación. Durante mucho tiempo viví sin darle importancia. Ponía una bombilla donde tocaba y ya. Pero un día me animé a cambiarlo: puse luces más cálidas, lámparas en puntos estratégicos y algunas luces regulables. Y de repente la casa cambió de humor.

No es lo mismo llegar a una luz blanca y fría que parece de oficina, que a una luz suave que te abraza. Además, aprendí que no todo tiene que iluminarse igual. En la cocina quiero una luz clara; en el salón, algo acogedor; en el dormitorio, algo muy suave. Y si puedo regular la intensidad, mejor.

Ahora las noches en casa son más agradables, más tranquilas. La iluminación adecuada convierte cualquier estancia en un lugar donde te apetece estar.

Espacio ordenado y funcional

La cuarta comodidad que no falta en mi casa es un espacio ordenado y funcional, sobre todo en la entrada. Puede sonar poco importante, pero te juro que me cambió la vida tener un recibidor realmente práctico. Colgué un perchero bonito, puse un zapatero que no ocupa mucho y una bandeja donde dejo llaves, cartera y todo eso que siempre se pierde cuando hay prisa.

Antes la entrada era un caos: dejaba los zapatos en cualquier parte, la chaqueta en el primer sitio que encontraba y, claro, luego todo era un desastre. Tener un recibidor organizado no solo hace que la casa se vea mejor, sino que te facilita el día desde el primer minuto. Llegar y saber dónde dejar cada cosa da una sensación de orden que te acompaña después por toda la casa.

Con estas cuatro comodidades descubrí que no es necesario hacer grandes reformas ni gastar fortunas para mejorar tu hogar.

Al final, una casa es un lugar que debe cuidarte. Es donde empiezas el día, donde terminas, donde ríes, donde lloras, donde te escondes del mundo cuando hace falta. Por eso merece la pena darle esas pequeñas atenciones que la hacen más tuya. No porque esté de moda, no porque lo viste en un catálogo, sino porque te hace sentir bien.

 

 

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