La decoración de los hoteles nos aporta ideas para nuestra casa

Muchas veces cuando nos alojamos en un hotel, ya sea por vacaciones o por motivos de trabajo, nos ocurre que, nada más llegar, a simple vista nos quedamos gratamente impresionados por su decoración y su buen gusto, como me ocurre a mí siempre con el hotel Mercer Barcelona, donde sus instalaciones están decoradas con un gusto impecable y sus habitaciones disponen de un ambiente muy acogedor, con elegantes suelos de roble, un mobiliario exquisito y cuartos de aseo con piezas y acabados de diseño.

De estas estancias en hoteles de lujo o gran lujo siempre podemos encontrar algún detalle o mueble que nos guste de una manera especial, de tal modo que desearíamos tenerlo en nuestra vivienda, o incluso pensar en decorarla con ese estilo. Una de las cosas que siempre me llaman la atención y en las que me fijo son los cabeceros de las camas.

En el mercado existen multitud de tipos de cabeceros, actualmente los que más de moda están son los tapizados tipo capitoné, lo que significa que es acolchado y con botones. Estos pueden estar colocados formando unas figuras geométricas de rombos o de cuadros. El tapizado puede ser en piel, normalmente sintética, o en tela tipo chenilla, siempre en color liso con tonos neutros como pueden ser blanco, negro, vengué, moka, azulón, etc., y la estructura cuadrada con esquinas en ángulo. Esta clase de cabeceros dan al dormitorio un estilo clásico pero con un toque actual, sobrio, armonioso y elegante, y al ser en colores neutros es compatible con multitud de elementos decorativos.

Otro tipo de cabeceros también muy en boga en la actualidad en los hoteles son los de forja, normalmente para ambientes juveniles o femeninos. Los ya clásicos de madera, en caso de utilizarse, son siempre en estructuras con líneas muy minimalistas, muy rectas y sencillas, generalmente en color vengué o, más actual, en color blanco mate o incluso con acabado tiza, aunque también pueden mezclarse estos dos acabados, por ejemplo en las mesitas de noche, que pueden tener la estructura, patas y cajones en blanco y el mesado superior en color madera.

Otro de los puntos que me llama siempre poderosamente la atención en este tipo de hoteles son los baños, pues suelen ser un elemento distintivo, de diseño, con piezas exentas, colgadas, o piletas para lavar las manos cuadradas, con griferías especiales. Y las duchas suelen ser construidas con plato o incluso sin plato este y con un ligero desnivel en el suelo para facilitar el de desagüe del agua.

Su estilo minimalista, casi nunca recargado, da sensación de limpieza y de amplitud, algo que deseamos imitar en todas las casas. Quizás la forma más sencilla para conseguirlo es instalar un armario de madera con puertas lisas donde podamos guardar todo y quede lejos de la vista. Tener las toallas de repuesto y los demás útiles de aseo desperdigados por el baño dan esa impresión de cargado que nos gustaría evitar.

Asimismo, otro de los elementos que suele gustarnos de las habitaciones de los hoteles, de los buenos, claro, son sus cortinas, siempre grandes, largas y señoriales, de mucho empaque. Algo que es también sencillo de replicar en casa. Aunque a veces no nos damos cuenta porque solamente vamos a dormir, las cortinas gordas pueden quitar mucha luz a las estancias, así que en casa optaremos por una solución mejor, que consiste en poner unas cortinas blancas finas y después las sobrecortinas de un mayor espesor y en el color que mejor vaya con la estancia.

Los colores

Si os fijáis, en los hoteles suelen jugar con pequeñas combinaciones de colores para no saturar a los visitantes. Principalmente los preferidos son los neutros: blancos, beige, crema o marrones. Y no solamente se combinan así en las habitaciones, sino también en las demás estancias, como bares o comedores. Difícilmente veremos, por otro lado, los estampados.

Con el menaje ocurre lo mismo, normalmente este es de porcelana blanca y de cristal, no hay dibujos estrambóticos en él ni figuras que destaquen. Al verlo igual en todas las mesas aporta esa armonía que todos buscamos trasladar también a nuestro hogar.

No obstante, los colores tienen su propio lenguaje, y según la emoción que queráis que os transmitan las estancias de vuestra casa tendréis que elegirlos. Esto se conoce como colorterapia.