Vivir en comunidad: urbanizaciones en la vida cotidiana

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Una parte importante de la vida urbana española se desarrolla en las urbanizaciones, especialmente en las áreas metropolitanas y sus zonas aledañas. La elección de estos espacios para vivir responde a una búsqueda de espacios que sean más tranquilos, que cuenten con zonas comunes de recreación y permitan organizar un equilibrio entre la vida privada y la convivencia con los vecinos. Para lograr este equilibrio, se deben asumir ciertas responsabilidades y generar una dinámica compartida entre todos los habitantes de la comunidad.

Una parte importante de la vida comunitaria se basa en respetar los acuerdos, a partir de mantener las normas claras. Por esta razón, el modo en que se gestionan los espacios comunes y se toman las decisiones colectivas afecta directamente a la calidad de vida privada y en la comodidad dentro de la urbanización.

 

Urbanizaciones como espacios de convivencia organizada

La importancia de una urbanización no pasa por ser un conjunto de viviendas, sino por generar un entorno agradable, donde pueda existir una convivencia que disfruten todos los vecinos. Para lograrlo, se debe llegar a ciertos acuerdos que establezcan normas comunes para el uso de jardines, zonas recreativas e instalaciones comunes. Mediante un orden claro en las normas de convivencia, se pueden evitar los conflictos entre vecinos por malentendidos.

Para que se pueda establecer un marco claro de acción, las leyes de España disponen de una normativa aplicable común para toda convivencia en espacios colectivos. La Ley de Propiedad Horizontal, que corresponde a la Ley 49/1960, se encarga de regular todos los aspectos de las relaciones entre propietarios y el uso de los elementos comunes. Se preestablece así una estructura legal igual para todas las comunidades de vecinos (entre las que entran las urbanizaciones) y se especifican los derechos y obligaciones de cada habitante. Al disponer de una ley normativa clara, la comunidad se asegura de que cada persona conoce lo que puede o no puede hacer. Según la ley preestablecida, las obligaciones de cada propietario son:

  • Contribuir a los gastos de la comunidad de forma acorde a su cuota de participación.
  • Conservar en buen estado su vivienda o local y las zonas comunes.
  • No llevar a cabo actividades ilícitas, peligrosas, molestas o insalubres que puedan afectar al resto de vecinos.
  • Respetar todas las instalaciones y no alterar ningún elemento de las zonas comunes.
  • Permitir la entrada a la vivienda a los operarios que realicen una reparación necesaria en los elementos estructurales de la comunidad.

 

La toma de decisiones dentro de la comunidad

Siempre que se deba tomar una decisión importante, ya sea por un cambio estructural, un arreglo o un cambio de la normativa, el momento y el lugar para hacerlo es la junta de propietarios. Las reuniones entre los habitantes de una comunidad son una tradición que se mantiene desde las épocas de los poblados, sin embargo, continúan siendo la mejor forma de organizarse y llegar a un acuerdo común.

Al menos una vez al año, se debe realizar una junta de propietarios fija para establecer acuerdos sobre el mantenimiento de las zonas comunes, la contratación de los servicios o las mejoras del edificio. Para que estas reuniones sean concisas y se puedan evitar de la mejor forma los conflictos por malentendidos, es necesario que cada integrante tenga en claro cuáles son los temas comunes que se pueden discutir dentro de la reunión y cuáles requieren una reunión diferente o, incluso, quedan por fuera de las normativas generales.

Para ello, como explican desde el blog de Legalitas, primero se debe comprender que ningún reglamento de régimen interno puede ir en contra de la Ley de Propiedad Horizontal. Estas normativas se deben enfocar en el funcionamiento de los servicios y elementos comunes, diferenciándolos de los de uso privativo. De esta forma se determina previamente cuáles son los asuntos que corresponde gestionar colectivamente y cuáles corresponden a usos individuales. Las distinciones entre los elementos privativos y los comunes son:

  • Elementos comunes: Según el Artículo 396 del Código Civil, se consideran como espacios comunes a todos aquellos que sean necesarios para el uso adecuado y el disfrute del edificio. Por ejemplo: Suelos, techos, muros de carga, terrazas, pasillos, etc.
  • Elementos privativos: Son aquellos en los cuales cada propietario tiene derecho exclusivo de propiedad. Aquí entra la propiedad (vivienda o local), el garaje, la buhardilla, el sótano o el trastero.

Para la toma de decisiones, ya sean reformas o cambios en el estatuto, la comunidad debe nombrar obligatoriamente a un presidente. Su figura será el representante de la junta en toda acción legal o burocrática que afecte a la junta.

 

Urbanizaciones en evolución y planificación a largo plazo

Uno de los puntos más importantes a discutir en las juntas de propietarios, es el que trata las reformas de los espacios comunes. Para no quedarse en el tiempo, las urbanizaciones precisan una renovación que las modernice y les permita repensar mejores maneras de incluir los sistemas de accesibilidad y eficiencia en los sectores compartidos.

Para la toma de estas decisiones, es necesario pensar una planificación a largo plazo. La proyección de los cambios estructurales no debe ser tomada a la ligera, sino que deben presentar razones concretas de solución y mejoría para un problema puntual. Por ejemplo, si el edificio no cuenta con los requerimientos de accesibilidad, quizá no basta con proponer hacer una rampa en la entrada. La reforma que se lleve a cabo se debe pensar de forma total, de modo que el tema quede resuelto a futuro, sin presentar complicaciones inmediatas.

La planificación de zonas comunes influye directamente en la convivencia y en la percepción de calidad de vida de quienes las habitan. Por ello, para mejorar la vida social de una urbanización, es importante tener en cuenta a los espacios de recreación comunes, como piscinas o parques. Las tendencias marcan que los habitantes de las urbanizaciones buscan un equilibrio entre la funcionalidad y el contacto con la naturaleza. Por ello, se suelen combinar espacios con plantas y césped natural, con otros artificiales. De esta forma, no se requiere un mantenimiento excesivo ni se corta el paisaje con exceso de baldosas y cemento. Como detallan desde Verde Ibérica, el césped artificial está diseñado para soportar un uso intenso, lo que lo vuelve adecuado para las zonas de mayor tránsito, reservando el césped natural a zonas de descanso o canteros de plantas. A su vez, la utilización de césped artificial, al no precisar uso de pesticidas, genera un espacio más seguro y saludable, lo que conecta directamente con la búsqueda de soluciones sostenibles.

La sostenibilidad se encuentra cada vez más presente en todos los aspectos de la vida, incluyendo la gestión de las funciones en comunidades y urbanizaciones. Por ello, un tema central que se suele tratar en los acuerdos comunales, es la búsqueda de respuestas hacia un consumo responsable de recursos. Desde el mantenimiento de zonas verdes a la eficiencia energética en espacios comunes, todas las decisiones de cambio dentro de la comunidad reflejan la forma en que se ve afectada la economía comunitaria y su entorno. Gracias al foco prioritario que se le está dando a estas cuestiones, desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico destacan el papel de los entornos residenciales, que adoptan los hábitos sostenibles para contribuir a una gestión más responsable de los recursos.

Esta búsqueda comunitaria de respuestas que, además de funcionales, tengan consecuencias positivas para el medioambiente y la salud, da como resultado una unión más fuerte entre los vecinos. A partir de encontrar soluciones que priorizan el bienestar general sobre el beneficio propio, se pueden reforzar los lazos entre los integrantes de una comunidad y su forma de comunicarse.

 

Comunicación como base de la convivencia

La comunicación es uno de los puntos más necesarios para que una comunidad se pueda relacionar de buena manera. Sin un diálogo fluido, es imposible que las decisiones que se tomaron en una reunión se transmitan de manera clara al resto de las personas. Al mismo tiempo, si entre dos o más miembros de la comunidad no se consigue entablar una relación de diálogo, las diferencias pueden llevar a conflictos que afecten a toda la comunidad. Para evitarlo, es importante poder discutir las diferencias en un contexto de respeto y buscando el consenso y así, fomentar la confianza entre los residentes.

Cuando se trata de una urbanización grande, respetar la comunicación se vuelve mucho más importante, ya que facilita que la información llegue a todos sin que se distorsione o se malentienda. Una comunicación eficaz contribuye a mejorar el entendimiento y a prevenir conflictos antes de que se agraven.

 

El valor social de vivir en comunidad

A lo largo de la historia, la formación de pequeñas comunidades fue de gran importancia para las relaciones sociales de las personas. Más allá de la normativa y la gestión, el verdadero valor de una urbanización moderna se mantiene en la necesidad de pertenecer.

El sentimiento de pertenencia que se genera entre los miembros de una comunidad, ya sea un poblado o una urbanización dentro de una gran ciudad, genera valores sociales que van más allá del beneficio individual. El cuidado de los espacios comunes, la predisposición para ayudar a los vecinos y la comunicación abierta para poder comprenderse entre todos, son actitudes que ayudan a construir un entorno de cercanía y familiaridad, en el que las personas se pueden sentir parte importante de esta unión.

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