Llevo yendo de casa en casa desde el 2020, y todavía me cuesta conseguir que el sitio donde estoy ahora viviendo de forma definitiva, en Ourense, tenga mi esencia. Para mí, una casa ha de tener ciertas cosas para sentirla mía, y jamás lo he conseguido. Pero reconozco que esta última en la que estoy viviendo ahora está empezando a conseguirlo.
No he hecho demasiados cambios, solo un par de cosas: una plantita aquí, un mantel bonito allá, fotos de mi familia en tal pared… pero, desde que estoy haciendo esos pequeños cambios, lo noto todo mucho más yo.
Déjame contarte algunos de los cambios que he hecho por si a ti también te cuesta hacer tu casa tuya, quizás también te valgan:
Desde que puse mi primera planta, noté algo diferente
Puedes empezar con algo que no necesite mucho cuidado: un cactus, una suculenta o una planta de interior resistente que aguante unos días sin agua. Yo empecé con una pequeña monstera que puse en la esquina del salón, y de repente la habitación ya no parecía tan vacía.
También uso elementos naturales que no requieren mantenimiento. Por ejemplo, alfombras de fibras naturales, cestas de mimbre para guardar cosas y mantas de algodón. Eso da textura y hace que la casa se sienta más cómoda. No hace falta que tengas diez plantas o que todo sea madera. Con un par de detalles, ya notas la diferencia.
Lo importante es que estos elementos tengan sentido para ti. Si no te gustan las plantas, no pasa nada, puedes poner piedras bonitas, conchas de la playa o incluso una rama seca en un jarrón simple. No hay reglas fijas, solo lo que te haga sentir bien.
La naturaleza en casa no es para impresionar a nadie, es para que tú te sientas bien y el espacio sea más agradable de vivir.
El color habla de quién eres
Al principio me daba miedo poner color. Siempre terminaba usando tonos neutros como blanco, gris o beige. No está mal, pero la casa parecía plana. Empecé con pequeños detalles: un cojín rojo, un mantel amarillo, una lámpara azul. Eso cambió todo.
El color te ayuda a expresar tu personalidad sin decir una palabra. No hace falta pintar paredes enteras ni seguir modas, lo importante es pensar cómo quieres sentirte en cada habitación. En el salón busco calma, en la cocina energía, en el dormitorio descanso. A partir de ahí, elige tonos que te funcionen.
No tengas miedo de mezclar: azul con verde, amarillo con naranja. Lo que cuenta es que te guste a ti. Y si algo no funciona, se puede cambiar fácilmente. Poner color en la decoración es reversible, así que no hay excusas.
Arte y recuerdos personales
Elige esos cuadros que tengan un significado para ti: fotos familiares, dibujos, postales de viajes, láminas que te recuerden algo importante… Eso le da personalidad a cualquier pared.
No hay que colgar todo perfecto ni al milímetro, pero un poco de desorden pensado da vida. Agrupa cosas que tengan algo en común: mismo color, tamaño similar o tema parecido. Y no tengas miedo de cambiarlo. Lo que hoy te gusta, dentro de un año igual no. La casa tiene que evolucionar contigo.
Además, el arte personal hace que el espacio se sienta único. No hay otra casa con exactamente tus fotos, tus dibujos o tus recuerdos. Eso es lo que hace que realmente sea tu hogar, no los muebles caros ni los objetos de moda.
Textiles y tapicería
Antes de elegir un sofá, pensé en cómo lo usaría. No es lo mismo un sofá para pasar una hora viendo series que para pasar tardes enteras. Yo busqué un tejido que fuera resistente y fácil de limpiar, y que además me gustara a la vista. Eso hace que usar la casa sea más agradable todos los días.
Los profesionales de Mendoza Olmo, tienda especializada en el mueble tapizado y fabricantes a medida, aconsejan que, antes de pensar en colores o tendencias, hay que pensar en el uso real. Un buen tejido y una buena estructura se notan con el tiempo, no el primer día.
Recuerda que los textiles se pueden usar en todo tipo de tejidos, incluso en los más pequeños: cojines, mantas y cortinas… Son formas de incorporar color, textura y comodidad.
La iluminación es importante para mí
Al principio no le prestaba atención, siempre encendía la luz del techo y listo, pero la luz cambia la percepción de la casa por completo. Basta con lámparas de pie, luces cálidas en esquinas o una lámpara de mesa junto a tu sillón favorito.
También hay que pensar en la luz natural. Cortinas ligeras, muebles que no bloqueen ventanas, colores claros cerca de la luz natural. Todo esto hace que la casa se vea más abierta y agradable. La misma habitación necesita luz diferente para leer, trabajar o cenar.
Tener varias fuentes de luz pequeñas es mucho más útil que una luz general demasiado potente.
Orden y hábitos diarios
El estilo de tu casa también se mantiene con hábitos sencillos. Da igual lo bonita que sea si siempre está desordenada. No hablo de obsesionarse con el orden, sino de facilitar tu vida.
Cada cosa debería tener su lugar. Si no, acaba en cualquier parte y se genera desorden. No hace falta comprar muebles extra, solo pensar dónde guardar lo que ya tienes.
También ayuda no acumular cosas innecesarias. Si no usas algo o no te gusta, es mejor sacarlo de casa. Mantener solo lo que realmente tiene sentido hace que la decoración funcione mejor y sea más fácil de mantener.
El orden no es perfección. Es practicidad. Cuando la casa está organizada, los muebles y los detalles que elegiste lucen más, y tú te sientes más cómodo.
Pequeños cambios, grandes diferencias
Lo que me ha funcionado de verdad son los pequeños cambios. No hace falta pintar todas las paredes, cambiar todos los muebles o redecorar toda la casa de golpe. Plantas, textiles, fotos, lámparas, detalles que se puedan mover o cambiar. Eso hace que todo sea más tuyo y fácil de actualizar con el tiempo.
Yo, por ejemplo, cambié un mantel, puse unas plantas, moví un par de cuadros y añadí algunos cojines. Con eso, el espacio cambió completamente. No fue caro, no fue complicado, y lo mejor: ahora me siento más yo.
Esos pequeños cambios se suman. Cada detalle cuenta y hace que la casa tenga personalidad. No hay que esperar grandes reformas ni dinero para que tu hogar se sienta tuyo.
El espacio funcional también es estilo
Me di cuenta de que muchas veces nos concentramos solo en cómo se ve la casa y no en cómo se usa. Tener espacio funcional es parte del estilo. Muebles que se adaptan a tu vida, zonas de almacenamiento prácticas, rincones que realmente usas.
Si tu casa no funciona para tu día a día, aunque sea bonita, nunca te sentirás cómodo. Por eso siempre pienso en cómo voy a usar cada habitación. En la cocina, espacio para moverse; en el salón, sitio cómodo para sentarse; en el dormitorio, tranquilidad y orden.
Además, la funcionalidad hace que los cambios sean más fáciles de implementar. Si tienes una base práctica, añadir detalles para darle tu estilo es mucho más sencillo y menos estresante.
Cómo combinar todo sin complicarte
Después de probar varias cosas, descubrí que combinar elementos no tiene que ser difícil. Solo hay que pensar en coherencia: un color predominante, algunos toques que contrasten, texturas diferentes pero que se complementen.
No hace falta seguir reglas complicadas. Yo mezclo colores y materiales, pero siempre me aseguro de que todo tenga sentido para mí. Cojines de lino, mantas suaves, plantas verdes, cuadros personales. Todo eso se combina sin esfuerzo y sin que se vea desordenado.
La clave es ir poco a poco, cambiar algo, ver cómo queda, y seguir ajustando. No hay prisa, y no hay un “resultado final” obligatorio. La casa cambia contigo, y eso está bien.
Cuidar los muebles grandes
Cuando hablo de muebles grandes como sofás, sillas y camas, me di cuenta de que no solo importaba cómo se veían, sino cómo se sentían y cuánto duraban. Antes compraba muebles bonitos sin pensar en el uso diario, y al poco tiempo me arrepentía.
Ahora busco calidad y comodidad. Hablo con gente que fabrica muebles a medida y me dijeron algo que me quedó grabado: pensar primero en cómo vas a usar el mueble y después en la apariencia. Un buen tejido y una estructura resistente se notan a largo plazo.
Eso me ayudó a priorizar mis decisiones. Ahora no compro por impulso, compro algo que funcione y que me guste al mismo tiempo. Así no tengo que cambiarlo todo al año siguiente.
Al final, hacer tu casa tuya no es complicado, pero sí requiere atención
Hay que tomar decisiones conscientes, pequeñas y coherentes con tu vida: plantas, colores, arte personal, textiles cómodos, iluminación adecuada, orden y funcionalidad… todo eso suma.
Cada detalle que elijas con sentido para ti hace que tu espacio sea único. No hay una fórmula mágica, solo pequeñas acciones que juntas crean un hogar que refleja quién eres. Y lo mejor es que estos cambios son reversibles: puedes cambiarlo todo si algo deja de funcionarte.
Con paciencia y decisiones conscientes, tu casa puede empezar a sentirse verdaderamente tuya. Y una vez que eso ocurre, cada día dentro de ella es más cómodo, agradable y tuyo de verdad.








